Los redimidos de las redes

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Enrique Chao

Es consultor de publicaciones industriales y de negocios, experto en generar ideas para contenido y director de diversos  proyectos editoriales.

echao@dialogoejecutivo.com.mx

¿Cuántas horas pasas en la red? ¿Te enreda estar en la Web? ¿Te quita el sueño? ¿Sabes qué es viral y qué no? ¿No te preguntas cómo salir de la red y seguir en el mundo?

¿Es cierto que los políticos, los reyes, los papas, los obispos, los presidentes, le temen a las redes? ¿La sociedad confía más en las redes que en otros medios? ¿Cuál será el futuro de las redes? ¿Por qué son tan intrusivos, ruidosos y repugnantes los anuncios que se adhieren a los videos o noticias que nos mandan?

En lo personal, las redes sociales me tienen sin cuidado. Yo podría sobrevivir sin ellas, sin apretar Me gusta a tantas cosas gratas o ingratas; sin felicitar a los cumpleañeros con mensajes que despiertan bostezos; sin presumir mi reloj último modelo con el nuevo segundo que le acaban de añadir al tiempo hace unos días; sin sumarme al mobing contra el presidente Peña o al político, o al funcionario, o al empresario en turno…, ni acusar al cuidador de perros de +Kota, a la Lady X o a otro pelafustán de lo que sea, sólo para aliviar la conciencia persecutoria de muchos manipuladores, o trolls, ¿les llaman?

Y es que las redes dan cobijo a tantos savonarolas y jaurías que prefiero ver la tele o una película y despreocuparme del acoso. Dicen que la Santa Inquisición no desapareció, sino que se mudó a las redes.

Y es que las redes dan cobijo a tantos savonarolas y jaurías que prefiero ver la tele o una película y despreocuparme del acoso

Atado a la red
Sé que hay gente que se la pasa todo el día enmarañada en las redes, sin comer, o malcomer, con insomnio, sin pelar a las redes sociales no virtuales. Las de a de veras. Las familias, los amigos, los maestros, cada vez más se preocupan por esta adicción.

Los ciberadictos apuestan por generar polémica de lo que sea. Además, con frecuencia “modifican sus estados” o “cambian de foto” para beneplácito de sus seguidores, una masa de cuates que parecen romanos antiguos en el Coliseo, bajando o subiendo el pulgar.

Algunos llevan su autoestima a los extremos; son enfermos. Afectan su vida personal y profesional por estar conectados a como dé lugar. Los adolescentes disminuyen su rendimiento escolar, los adultos se aíslan más, cada vez más. A ellos los ciega el deseo obsesivo de navegar por Internet para palomear las vivencias ajenas y comparar las experiencias y posesiones propias con las de los otros.

Según leí en una notita aparecida en el diarioAM:“Las personas más propensas revisan Facebook, Twittero Instagramantes de irse a la cama” y, al despertar, lo primero que hacen es consultar estas mismas redes para cotejar “qué fue lo que aconteció mientras dormían”.

Además, algunos viven un drama por pequeñeces, como quedarse sin WiFi u olvidar el celular. De hecho, una investigación estadounidense concluyó que, “a mayores niveles de esta afección, menor satisfacción por la vida”. La vida real los decepciona. La conversación en corto, con una persona de carne y hueso, los deja vacíos. Están acostumbrados a comentar (por encimita) mucho y de muchos.

A mí me impresionan las chicas que se toman tan a pecho las críticas en la red que sin decir agua va se cortan las venas o, de plano, se suicidan; o me deja sin habla saber que algunos padecen ansiedad, angustia y desesperación,como dice un viejo bolero, por perder el contacto con las redes sociales, aunque sea por unos minutos. Hay chicas y chicos con trastornos del sueño, con el famoso FOMO, o Fear Of Missing Out,que pone a los adictos a las redes de cabeza.

Algunas investigaciones dicen que el FOMO causa distracción severa, sobre todo cuando uno va manejando, y aseguran que buen número de percances –choques y accidentes- se debe a fanáticos de la red que se mandaban mensajitoso selfiescon las manos más en el smartphoneque en el volante. Calculan que en Estados Unidos son responsables de 3,000 accidentes fatales.

En lo personal, las redes sociales me tienen sin cuidado. Yo podría sobrevivir sin ellas, sin apretar Me gusta a tantas cosas gratas o ingratas; sin felicitar a los cumpleañeros con mensajes que despiertan bostezos; sin presumir mi reloj último modelo con el nuevo segundo que le acaban de añadir al tiempo hace unos días…

Las redes en cadenas
En lo personal no me interesa discutir de política, de salud o del pasado con los viejos amigos del pasado, y mucho menos con aquéllos que sacan de sus archivos y/o álbumes sus fotos, donde aparecemos celebrando con una copa en la mano, todos amigos para siempre, aunque esto último ya no sea cierto.

Sin embargo, si bien no nado en sus aguas, me gusta el rumor de lo que ahí se agita; las voces de protesta, losgrititosde placer, las histerias políticas de los que odian o aman al Peje, versuslos que odian o aman a Peña, y otras posiciones irrenunciables, como las de los revolucionarios que se manifiestan en distintas partes del mundo, como los líderes y seguidores de las primaveras árabes (a veces nefastas), o los enfadados españoles que, a partir de julio deben cuidar NOtomar fotos o videos a policías, convocar o apoyar manifestaciones en redes sociales y protestar en la puerta del Congreso o del Senado.

Sí, me refiero a la famosa Ley Mordaza, que entre otras cosas prohibirá subir imágenes no autorizadas. Por lo pronto, la denostada ley ya adquirió vigencia, a pesar de la cantaleta de que “¡Ley mordaza, es una amenaza!”, según apremiaban los protestantes desde el mes de abril de este año; y la verdad es que a ninguno de nosotros, aunque no chapoteemos en las aguas de las redes, nos gustaría ser reprimidos por salpicar en ellas a las autoridades, a la policía, al ejército, a la iglesia y a otras fuerzas sociales, tanto claras como oscuras, con nuestro sentido del humor, nuestro enojo o nuestra creatividad.

Libertad a cualquier precio
En el foro: Libertad de expresión, comunicación y radios universitarias,organizado por la Ibero, la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y el Poli, los expertos coincidieron, muy a la Benito Juárez, en que “los únicos límites para la libertad de expresión deben ser el respeto al derecho ajeno, y no dañar a terceros”, con lo que dejaron un espacio extra grande para los intérpretes de semejante declaración.

Yo diría que las redes se deben depurar solitas, con sus enojados, sus extrovertidos y sus introvertidos, sus narcisos y sus apocados, sus homófobos y sus homosexuales abiertos y también los de clóset.

Los especialistas coinciden en que la libertad de expresión tiene aún mucha tela de dónde cortaren las redes, en donde los demócratas se las ven con los fascistas y los ultraderechistas con los ultraizquierdistas, donde los insultos y otros tachoneos verbales de unos, se las ven con las argumentaciones más equilibradas y razonadas de otros. El debate no cesa nunca.

Según los ponentes, muchos de ellos especialistas en temas de libertad de expresión, los medios de comunicación tradicionales “han traicionado a la sociedad, pues han dejado las voces y posiciones críticas, las cuales favorecen y garantizan el pleno goce de la democracia”, por eso, bajo esta cortina, “han surgido nuevas opciones en línea”. Además, “los ciudadanos han asumido un nuevo rol gracias a las redes sociales, las cuales han transformado el proceso informativo de vertical a horizontal, porque hoy el público ya no sólo es receptor, sino también participa, contesta y confronta”.

Por cierto, para subrayar la potencia que han adquirido las redes sociales, Cecilia Rivadeneyra, experta en comunicación social y política, y jefa del departamento de Monitoreo y Seguimiento a Medios del IPN, subrayó que mientras a la radio tradicional le tomó 38 años conseguir 50 millones de usuarios, las plataformas digitales alcanzaron la misma cifra en sólo cuatro años.

Las redes que se tejen…
Si la gente no se suicida antes, ni se obsesiona con la red, y para entonces la humanidad sobrevive a la falta de contacto físico entre unos y otros, Mark Zuckerberg,el padre precoz de esta terrible manía, proporcionó hace poco algunas pistas sobre el futuro de Facebook. En esa ocasión aseveró que un día de éstos seremos capaces de compartir nuestros pensamientos (¿sin pantallas ni teclados?) -cerebro a cerebro-, claro, a partir de la tecnología.

En la conferencia con los medios, el joven empresario –y ahora magnate- recapituló que, en los últimos lustros, Facebook ha expandido la manera en que los usuarios se comunican en la plataforma: “Primero sólo existían perfiles simples. Luego se presentaron los comentarios y, en seguida, los muros, los grupos y la publicación de noticias”.

Ahora, el acento lo ha puesto en compartir mensajes cada vez más personales, y que lo siguiente, por supuesto, será la comunicación telepática: “Uno será capaz de pensar algo y los amigos, si uno quiere, experimentarán de inmediato ese pensamiento”, planteó Zuckerberg. “Ésta será la última tecnología de la comunicación”. La telepatía es un paso más hacia las conexiones personales.

En una nota reciente se pudo constatar que, en efecto, los científicos de la Universidad de Washington están muy cerca de crear “interfases del cerebro vía computadora”, y en otros laboratorios han probado que las computadoras envían ondas cerebrales a los comandos de software, y viceversa.

En un experimento, un sujeto logró mover el dedo de otro sujetoen un teclado, nada más con pensarlo. ¡Qué tal! Zuckerberg pregona que, en la medida en que nuestras herramientas de comunicación mejoren, “también lo harán nuestras vidas”. ¿Usted qué cree?

Para más datos, visite:

http://amqueretaro.com/vivir-mas/mujer-am/2015/06/27/alejarsede-las-redes-sociales-generaansiedad#sthash.QWv1fJ0K.dpuf
http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2015/07/01/auge-de-redes-sociales-debido-a-la-traicion-de-algunosmedios-6506.html
http://www.infobae.com/2015/07/01/1738975-el-futurolas-noticias-segun-mark-zuckerberg