
El proceso de determinar el valor de una compañía es tanto una ciencia como un arte
Determinar el valor de una empresa no es tarea fácil. Existen diversas razones para conocer dicho valor, ya sea para invitar a un inversionista a participar en el capital de la compañía, comprarle a un socio que decide retirarse, planear cambios generacionales o de sucesión, o bien, saber en cuánto vender la totalidad del negocio. Si se le asigna un valor demasiado bajo, quizá se puede dejar dinero sobre la mesa. Por otro lado, si se valúa muy alto, se puede desanimar a inversionistas y/o compradores potenciales y, si se encuentra uno del lado del comprador, puede ser que se pague en exceso.
En el pasado, era usual utilizar reglas de dedo para valuar negocios. En ciertas industrias existían parámetros pre concebidos, por ejemplo, un hospital se podía valuar en determinada cantidad de pesos por cama censable o, por otro lado, una compañía de venta directa valía lo equivalente a una vez sus ventas anuales.
Estos valores, por lo general, son el promedio de ciertas transacciones históricas. A menos que una empresa sea promedio, el hecho de utilizar estas reglas no reflejará su verdadero valor. Asimismo, al estar basadas en datos históricos, su vigencia es temporal, dado que los entornos económicos nunca son estáticos.
El proceso para determinar el valor de una empresa es tanto una ciencia como un arte. La ciencia está en la realización de los modelos financieros, el cálculo de los ingresos, la determinación del flujo de efectivo, en una palabra, en la talacha numérica. El arte, por su lado, está en utilizar dichos números y cálculos, de una forma sólida, persuasiva y creíble.
Algunos dueños de empresas basan el valor de su negocio en el esfuerzo de haberlo creado y hecho crecer. Eso significa años de trabajo invertidos en su negocio; sin embargo, en muchas ocasiones, por desgracia, el empeño puesto durante esos años no tiene nada que ver con el valor de mercado. Los empresarios deben dejar de lado sus emociones, dar un paso atrás y conocer, de forma objetiva, el valor de sus negocios.
Existen múltiples factores que influyen en el valor de una empresa, por ejemplo, en el sector farmacéutico se estima que para el año 2015, 10 de los laboratorios farmacéuticos más grandes a nivel mundial, si no modifican o enriquecen su actual portafolios de productos, perderán alrededor de 50 mil millones de dólares de ingresos. Sin duda, de no mejorar en este aspecto, la valuación de dichas empresas tenderá a la baja.
Otro factor que influye en la valuación es quién la realiza. En ocasiones, un comprador que desea participar en un nuevo mercado, pondrá más énfasis en el beneficio de estar en dicho mercado y, por ello, valuará la alza, a diferencia de un inversionista institucional, que basará su decisión en el rendimiento de su inversión, de manera exclusiva y, con ello, reducirá la valuación.
Cada compañía es única y, por ello, su valuación debe ser hecha a la medida. En un entorno cambiante, el valor de las empresas también se ve afectado. El hecho de determinar el valor de la empresa permite a sus dueños una planeación más acertada en sus decisiones patrimoniales. Al identificar, de forma anticipada, las variables que influyen en su valor, es posible generar una mejor valuación y un parámetro contra el cual medir el crecimiento.
Un trabajo de valuación profesional y competente debe llegar a un rango de valor acertado, así como establecer, clara y convincentemente, la forma en la cual se determinó el mismo. Una buena valuación debe defenderse con éxito y resistir cualquier escrutinio.
Alejandro Frías es socio fundador de SFA Consultores, firma de consultoría financiera especializada en fusiones, adquisiciones, colocaciones privadas de capital y finanzas corporativas. Su correo electrónico es: afrias@dialogoejecutivo.com.mx