Los apantallados y los apantalladores

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Enrique Chao

Enrique Chao

Es consultor de publicaciones industriales y de negocios, experto en generar ideas para contenido y director de diversos proyectos editoriales.

echao@dialogoejecutivo.com.mx

La convivencia digital se puede violentar impunemente con excesos que rebasan la imaginación… Aunque no estén clasificados como pecados, ni veniales ni capitales, o como crímenes -desde la balanza de la ley-, estos excesos pueden causar daño no sólo en el ámbito virtual, sino también en el real

Al momento que las comunidades de Internet se modelaron por sus particularidades y afinidades, con todo ese potencial que auguraba una época dorada de mayor unión, acceso al conocimiento y al aprendizaje (de la mano con otros internautas, parientes y amigos), se establecieron las redes sociales, pero no así un código de comportamiento o, al menos, unos límites para la autocontención.

Más tarde y de manera explosiva arribaron las redes sociales de mayor calado, como Facebook y sus sucedáneos, entre ellos Twitter, que nos integraban en masa a una red -que nunca se acaba- de conocidos, amigos, parientes y desconocidos que querían conocernos.

Incluso, se fomentaron otras comunidades en línea, foros de discusión, salas de chat y comentarios de blog, y los medios más destacados ataron nudos con los lectores para desplegar a sus anchas el debate de las ideas, claro, sin tener en cuenta el efecto bumerang que eso conlleva.

De ese modo, los puntos de vista de los periódicos y revistas, así como la visión de los blogueros y los líderes de opinión, se aderezaron con más y más opiniones de espontáneos, de quejosos y, por desgracia, de los llamados trolls, que, según los perfila la Universidad de Indiana, “son una comunidad en aumento que introduce mensajes con diferente tipo de contenido, como groserías, ofensas, mentiras…, con la intención de confundir y ocasionar sentimientos encontrados en los demás”.

El anonimato es el culpable
Eso le ha dado un giro de 180º a la sana convivencia de los internautas, que han rozado, y no pocas veces, con las provocaciones, siempre irrelevantes, de los burlones e indeseables trolls. De hecho, y muy arrepentidos, algunos medios online ya se deshacen de la sección de comentarios de los lectores, porque entre ellos hay unos que son difíciles de asimilar.

 

Cabe recapitular que los comentarios eran uno de los pilares del nuevo Internet. Convencidos de ello, los grandes medios online se adhirieron al modelo. Pero a la hora que la masa se volvió demasiado pegajosa, se coló, con el anonimato de por medio, la intolerancia: lo que ha impedido, de algún modo, “construir interacciones civilizadas y útiles”. Algunos se comportan como elefantes en cristalería, al exasperar a quienes buscan, de manera legítima, debatir sin trampas ni manipulaciones.

Ahora, el grueso de las conversaciones de Internet ha emigrado a las redes sociales. De ahí que algunos medios, sin moderadores o un Manual de Carreño en línea que ponga en cintura a estos espontáneos, se han dado por vencidos. Prefieren quitarse, con plumero, los trolls colgados a sus páginas virtuales, aunque para ello se desprendan de comentaristas más serios.

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Anarquismo online
Felices de exponer sus travesuras, los trolls no quieren demostrar que tienen razón alguna, sino un firme afán por disturbar o provocar una respuesta emocional entre los lectores. Embozados, atacan, y creen que todo es catarsis o juego, y que no hay consecuencias, por eso le sacan filo al lápiz digital con sus descalificaciones, insultos y otras manifestaciones que se pasan de tueste, por lo violentas.

Los fines van desde la diversión, hasta la confrontación política, el bullying, el acoso y el complot. Por eso “echan montón”, acumulan odio social y le sacan brillo a los prejuicios. Se portan de manera desaseada, porque en los medios digitales campea la impunidad.

El sitio Web del Centro de Investigación Pew, destaca en un estudio que "la naturaleza anónima y seudónima de Internet puede facilitar que las personas se ataquen sin ninguna clase de repercusión".

Javier Pastor, en un rescatable ensayo para Xataca.com (Matar o no matar los comentarios, he ahí la cuestión), reflexiona que “desde hace años sabemos que los comentarios de muchos medios online no aportan nada, en el mejor de los casos… y, en el peor, se convierten en auténticos pozos de odio, mala educación y argumentaciones delirantes (por no hablar de la ortografía)”.

En resumen, la tendencia hacia la supresión de los comentarios online quizás crecerá aún más, y las redes sociales, que también tienen lo suyo, serán quienes acojan en su seno, con nombres falsos o verdaderos, el debate sobre los contenidos.

Rebeldes sin pausa
El Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación (Copred) señaló al respecto, en el pasado Foro Internacional sobre la Violencia en Internet, que usuario mexicano de Internet confunde la libertad de expresión con la libertad de agresión, ya que no distingue la línea que separa el derecho a manifestarse y el derecho a no agredir, así como la tolerancia que ampara a todo mexicano, esté o no conectado en la Red.

El organismo subraya además que en las redes sociales electrónicas se genera mayor contenido discriminatorio, seguidas de canales de video y blogs. Y aunque es ahí donde a veces se gestan “revoluciones enteras”, también tiene el poder, según Copred, de destruir a una persona. Con frecuencia, los usuarios comparten fotos, audios o videos con expresiones ofensivas que a veces repercuten y se vuelven trending topics (frases o voces más buscadas).


 

De acuerdo con los resultados del estudio Discriminación en Internet y redes sociales, “en 2013, de 125,120 contenidos excluyentes, 68% se produjeron en el Distrito Federal y su área conurbada, seguidos de Monterrey, Nuevo León”.

En Twitter, por su lado, “se difundieron 47,840 comentarios de este tipo, 38,272, en YouTube y 33,488, en Facebook; el resto en alguna otra plataforma digital. El grupo vulnerable más atacado son los homosexuales: #Put@, #joto, #gay, #vieja, #lesbiana, #macho y #burro fueron los hashtags (etiquetas o palabras clave) con más menciones en relación con el género. Mientras #cuatro ojos, #manco, #inútil, #mongol, #tullido, #eres ciego y #trunco, las frases alusivas a la discapacidad”.

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Libre expresión y civismo
La velocidad con la que los comportamientos crueles, los comentarios hirientes, las fotos y los vídeos que ridiculizan…, se acelera, y lo que se arroja a las fauces de las redes digitales, se devora sin dilación. Los usuarios no se diferencian mucho del público que asistía al circo romano en la antigüedad, incluso al levantar y bajar el dedo pulgar de sus manos, como quien dice, likeando.

El maestro Raúl Trejo Delarbre refiere que “en las redes socio-digitales los ciudadanos se expresan con apertura y libertad. Allí se comunicarse muchas cosas que de otra manera no podrían comunicarse”, pero, apunta, “también se dicen muchas tonterías. Simplificaciones, injurias y fundamentalismos, son diseminados con desparpajo”.

En opinión del académico, “Facebook y Twitter no son el único espacio en donde se procesan y manifiestan opiniones ciudadanas. Pero es imposible no tomar en cuenta esas zonas de manifestación y confrontación. Los rasgos de nuestra cultura cívica, lo mismo con expresiones maduras que con pobrezas y defectos, pueden advertirse en tales redes, que se han convertido en barómetros de la opinión de algunos segmentos de la sociedad”.

Sin embargo, Trejo sugirió que quizá no sería una mala idea que en las mismas redes se pudiera enseñar un poco de civismo: “Las escuelas –escribió en su ensayo en La Crónica- podrían encontrar en las redes sociales estupendos ejemplos de solidaridad y cooperación, lo mismo que de intolerancia y odio. Por otra parte, cada vez más profesores en todo el mundo, se apoyan en esas redes para complementar la docencia en el aula”.

Hoy el aprendizaje no pasa sólo en el aula, sino que está por doquier, y aún más con las nuevas tecnologías. Lo que tienen que ser las aulas es un terreno para llevar a cabo situaciones ejemplares o nuevas experiencias.

Se trata de generar un interés previo hecho en casa para hacer que el estudiante no sea un sujeto pasivo.

De ahí que muchos analistas creen que es urgente enseñar civismo digital a los estudiantes. Y, por supuesto, es necesario hacerlo antes de que lleguen a la universidad.

Si pensamos en cuáles son los temas que un estudiante debe aprender para graduarse, la alfabetización no debería constar sólo en cómo utilizar una computadora para investigar y comunicarse, sino cómo utilizarla para ser un miembro funcional, competente y cívico de la sociedad.

Por otro lado, si hablamos de educar a los estudiantes en cómo tener un comportamiento seguro en la Web, enseñarles civismo digital debería ir más lejos que hablar de privacidad y seguridad, es algo más profundo que un simple ‘cómo comportarse de manera apropiada en Internet’.

A veces creo que ven la realidad como un espejismo y al mundo virtual como un hecho consumado. Tal vez el cansancio de tantas horas de estar sumergidos en ese opio cibernético que aturde, distrae y trastorna a los inadaptados y a los transgresores, y a quienes son beligerantes por naturaleza, enfermos que contagian a los que tienen poca madurez, o quizá, ninguna.


 

El civismo y el anticivismo
Cada día, y México no es la excepción, se suman más voces de expertos y legisladores que piden leyes más duras en relación con el ciberbullying y el acoso online.

Pero palpita entre los internautas el temor de que al meter las coordenadas de la ley, la ética o la moral, en un territorio donde se supone no hay cortapisas de ninguna índole, puede dar pie a la normatividad en la Internet.

Ricardo Pérez Vitela, director de Cultura por la no Discriminación del Copred, dijo que el gobierno hace importantes campañas para abordar el problema de la violencia en redes sociales. Y puntualizó que la discriminación en estos espacios se ejerce de forma sistemática. Casi un linchamiento por día, en el estudio que se hizo de 2013.

“Este tipo de linchamientos –recalcó-, generan gran impacto en el entorno de las personas, que incluso las lleva a intentar suicidarse”. La vorágine de las redes sociales puede “afectar sus emociones, sentimientos y modo de vida”, reveló y propuso un mayor involucramiento por parte de las autoridades, tanto locales como federales, para enfrentar “el ciberacoso o sexting, y crear leyes para autorregular sin caer en la censura”, claro, al cuidar que este marco normativo llegue “a acotar la libertad de expresión”.

De hecho, y eso ha motivado una ola de críticas en las redes sociales, un senador promueve ahora una iniciativa de ley federal para prevenir y sancionar los delitos informáticos, misma que elaboró con la Secretaría de Gobernación, donde propone tipificar el “terrorismo informático”.

El legislador Omar Fayad Meneses, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), preside la Comisión de Seguridad Pública del Senado, y es el autor de la iniciativa de Ley Federal para Prevenir y Sancionar los Delitos Informáticos, y supone como riesgosas las comunicaciones por Internet y las redes sociales: “Actividades como el comercio electrónico, el periodismo digital, la publicidad y  las opiniones, mensajes o elementos vertidos en redes sociales pueden derivar en menoscabo del patrimonio, la reputación, el honor o la actividad profesional de alguien”, declaró, y aseguró que el espíritu de la iniciativa protegerá los derechos de las personas de delitos como abuso, acoso, trata de personas, “así como ofensivas como vulnerar, por ejemplo, el sistema de control aéreo de un aeropuerto”.

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Perseguidos y perseguidores

Hay que imaginar que, al instante que una pareja de adolescentes termina su relación, por la razón que sea, los mensajes que antes se enviaban, cálidos, simpáticos e inocentes, se pueden tornar en fieros, persecutorios y amenazantes.

El resentimiento de uno de ellos, lo, o la, empuja a espiar a los amigos, a los familiares y los amigos de su víctima. Y con saña mostrar fotos o videos que lo, o la, ridiculicen, o circular rumores para dañar su reputación… De eso se habla cuando nos referimos a acoso digital o digital harassment. Pero hay otros perseguidos y perseguidores. Por ejemplo, los ataques que algunos sufren por raza o por género.

La consultora internacional Pew Research Center acaba de presentar un estudio que recoge las entrevistas a más de 3,200 internautas adultos en Estados Unidos, sobre su experiencia online, donde pudo evidenciar que 40% de los encuestados ha sido víctima de acoso digital y que 73% ha sido testigo de acoso digital.

Por otro lado, 14% admitió que la experiencia le había afectado de manera extrema, y que 47% tuvo coraje para enfrentar a los acosadores de Internet.

La especialista Anita Sakeesiian, quien, en lo personal, ha recibido amenazas de muerte o de violación, ha señalado que, por ejemplo, la misoginia se ha vuelto un fenómeno de los tiempos que corren.

Y el estudio lo corrobora, ya que las mujeres son muy vulnerables al acoso digital, sobre todo sexual y de acecho (stalking). Las más jóvenes (de 18 a 24 años) reportan acoso digital severo: 26% de ellas han sido acechadas en Internet mientras que otro 25% ha sufrido de acoso sexual.

Desde otro ángulo, ahora se sabe que los hispanos y los afroamericanos sufren de acoso digital más que los grupos de anglosajones. Y que la plataforma donde se realizan la mayoría de estos acosos son las redes sociales.

Pero no todo es tan sombrío, 68% declaró que el espacio online les ofrece un entorno de “fraternidad y apoyo”.