¿Aprovechamos las herramientas modernas?

Educación Médica
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Gustavo Hernandez

Gustavo Hernández

Es director general del Instituto Médico de Capacitación. Es médico internista por la Universidad Lasalle y ha ocupado diversos cargos en asociaciones y empresas de la IF en México.

@ghernandezv

Las instituciones que ofrecen servicios de EMC también deben actualizarse, conocer a su público objetivo, conocer cómo han evolucionado y cómo han cambiado sus necesidades y costumbres, en pocas palabras: deben enfrentar los retos del presente siglo con la tecnología de hoy día

Sin duda, la pregunta no tiene una respuesta universal, es obvio que las diferentes personas y en diferentes momentos de nuestras vidas y situaciones socioeconómicas aprovecharemos más o menos la cantidad enorme de herramientas que la tecnología nos brinda para casi cualquier cosa en la vida. De cualquier modo, en general, la respuesta es que no aprovechamos todas o las que usamos, no las usamos de manera óptima.

Cualquier ejemplo puede bastar para argumentar con solidez mi aseveración: Internet, los libros, las revistas, los cursos y un muy largo etcétera. De cualquiera de ellos es superior la oferta que la demanda y de cada uno de ellos el usuario lo subutilizará casi en todos los casos.

Si lo anterior es cierto (y parece que sí) ¿por qué cada día incrementamos la oferta de Educación Médica Continua (EMC)? Pareciera que si no aprovechamos la que ya tenemos, solo incrementamos el desperdicio de esos productos y servicios.

Por fortuna, no me parece que sea así, la oferta de EMC se incrementa en la medida que la tecnología avanza, que los usos y costumbres de los profesionales de la salud evolucionan y que las necesidades también cambian.

Hoy es habitual, y hasta cierto punto normal, participar en un curso a  distancia al estar en la sala de espera de un aeropuerto, o en el consultorio al final de una jornada de trabajo. También es normal participar de una teleconferencia con colegas para que, vía remota, uno conozca y opine sobre un caso clínico poco frecuente o el cuadro clínico atípico de una enfermedad común.

La gran oferta de opciones de EMC, se asemeja a la oferta de canales de televisión, libros, revistas, páginas de Internet, etcétera. Uno nunca utilizará todos los existentes, pero en la medida que hay más opciones, con mayor facilidad encontrará aquel que lo deje satisfecho, aquel que se adecue a sus necesidades y gustos.

El reto actual no está entonces en usarlos todos, sino en conocerlos, tener al alcance y sobre todo, en usarlos de forma adecuada. ¿Conoce el profesional de la salud la cantidad de cursos gratuitos que puede tener en línea? ¿aprovecha las sesiones clínicas que su institución le ofrece? ¿utiliza bien las herramientas tecnológicas en las que invierte (iPad, PC, smartphone, etcétera)?

Por último, las instituciones que ofrecen servicios de EMC también deben actualizarse, conocer a su público objetivo, conocer cómo han evolucionado y cómo han cambiado sus necesidades y costumbres, en pocas palabras: deben enfrentar los retos del presente siglo con la tecnología de hoy día.