Gustavo HernandezGustavo Hernández

@ghernandezv

Es director general del Instituto Médico de Capacitación. Es médico internista por la Universidad Lasalle y ha ocupado diversos cargos en asociaciones y empresas de la IF en México.

 
Parece ocioso buscar un solo responsable de brindar toda la EMC que los profesionales de la salud necesitamos; sabemos de antemano que ninguna institución puede abarcar todo el espectro existente, no tendría ni el presupuesto ni los conocimientos necesarios para ello

En otro artículo hablamos sobre la titánica tarea de saber quién debe pagar por la Educación Médica Continua (EMC) y concluimos que son varios los actores que intervienen en su financiamiento. Hoy quiero reflexionar sobre otro tema igual de complicado y es ¿quién debe ofrecer la EMC?

Aquí los actores son también variados, cada uno de ellos con objetivos y visiones diferentes: las universidades, los hospitales, las sociedades y los colegios médicos, la IF y las empresas e institutos dedicados a ofrecer estos cursos son, sin duda, los más importantes.

Sin duda, cada uno de estos actores debe jugar un papel relevante en el desarrollo profesional continuo, cada uno tiene visiones diferentes que enriquecen la oferta de conocimiento y ninguno de ellos tendría por sí solo la capacidad para abastecer la demanda de EMC del país.

Vale la pena entender las grandes y pequeñas diferencias entre los objetivos y la oferta de EMC de cada una de estas instituciones para que, llegado el momento, elijamos la más conveniente. La universidad busca el conocimiento como un fin en sí mismo, mientras que las empresas buscan el conocimiento aplicado y que resulte en un nuevo producto o servicio y éste genere riqueza.

De esta manera, los grupos de médicos tanto en los hospitales como en sus asociaciones profesionales buscan, sobre todo, aquel conocimiento que les es útil para su práctica profesional diaria mientras que las empresas dedicadas a esta tarea ofrecerán los cursos que tienen un mayor número de asistentes y, por ello, pueden maximizar sus ganancias o, al menos, recuperar sus inversiones.

El gobierno tiene un papel muy importante, muchas universidades y hospitales son de su propiedad. Por otro lado, como máxima autoridad en materia de salud, a través del Consejo de Salubridad General, dicta las políticas de salud y las prioridades. Quizá el objetivo último de los gobernantes sea llevar a cabo todas las tareas que, de manera directa o indirecta, ayudan a prevenir las enfermedades, recuperar la salud o rehabilitar a los enfermos y, para cada uno de estos objetivos, hay a su vez objetivos educativos. Es por ello que el gobierno juega, a través de sus múltiples instituciones, reglamentaciones y políticas, el papel más importante en la EMC.

Parece ocioso buscar un solo responsable de brindar toda la EMC que los profesionales de la salud necesitamos; sabemos de antemano que ninguna institución puede abarcar todo el espectro existente, no tendría ni el presupuesto ni los conocimientos necesarios para ello.

Casi es inevitable que cada institución tenga sus propios sesgos al momento de realizar un programa académico, o de implementarlo, quizá por ello debemos enfocar nuestros esfuerzos en conocer cuáles son esas instituciones y, luego, entender qué oferta tienen, cuáles son sus objetivos, sus ventajas y desventajas con respecto a nuestros propios objetivos personales y, así, filtrar la información que recibimos.

Para concluir, al final del día, cada uno de nosotros somos los responsables últimos de nuestra preparación académica, no importa quién la pague ni quién la imparta.