Gustavo Hernández

Es director general del Instituto Médico de Capacitación. Es médico internista por la Universidad Lasalle y ha ocupado diversos cargos en asociaciones y empresas de la IF en México.

@ghernandezv

Un AB es una herramienta útil para obtener información científica-médica con utilidad tanto médica como comercial, la cual debe ser planeada, ejecutada y analizada por expertos, tanto en la técnica del AB como en los temas técnicos. Tener sólo uno de los dos expertise requeridos no es suficiente

Una de las herramientas estratégicas más importantes con la que cuentan las empresas es la capacidad de reunir a un pequeño grupo de expertos y, a través de ellos, saber su opinión, grado de conocimientos y, en general, cómo percibe determinado tema, éste puede ser un producto, un servicio, un concepto como una enfermedad, la forma de tratarla, diagnosticarla o un largo etcétera de temas que pueden ser de interés para una empresa.

Reunir expertos tiene matices diferentes que simples consumidores o prospectos de clientes. En la IF hablamos por lo regular de profesionales de la salud como médicos, enfermeras, químicos, etcétera. Al ser llamados a formar parte de un grupo asesor (Advisory Board, de aquí en adelante AB) buscamos que sus conocimientos, opiniones o percepciones nos ayuden a crear o probar estrategias. En esta modalidad, buscamos dar respuesta a interrogantes médicocientíficas que la empresa tiene y requiere de su conocimiento o confirmación para una toma de decisiones informada.

A partir de los hallazgos de un AB se toman decisiones estratégicas para la empresa, tanto en las áreas médicas como comerciales. A pesar de lo anterior, el tipo de información obtenida siempre es médico-científica y debe ser planeada con rigor y ejecutada por un profesional con experiencia.

Antes de decidir si hacemos o no un AB, debemos saber con exactitud las interrogantes que requerimos que nos respondan, pues de ello dependerá el perfil de los invitados y, claro, las estrategias para obtener la información. Las formas modernas de obtener información de un grupo de expertos son por lo regular a través de dinámicas proyectivas, asociaciones espontáneas, tanto gráficas como mentales, desplazamientos inconscientes, conceptos en 140 caracteres, rol playing y laddering. Cada concepto y cada perfil de participantes requieren un enfoque especializado para abordarlo, es tan malo no saber qué preguntar como no saber cómo preguntarlo.

Una serie de preguntas simples, asociaciones de ideas, opiniones sobre conceptos o imágenes le revelan al experto mucho más que la respuesta directa, exponen su jerarquía de valores, las conexiones existentes entre el producto y la persona, los atributos percibidos en ese producto, sus beneficios y, al final, las razones para usarlo o recomendarlo.

Lanzar un producto o servicio a ciegas, sin la opinión de los expertos es dejar al azar el momento más importante en la vida comercial de ese producto o servicio. De igual manera, es peligroso dejar en manos inexpertas tan importante herramienta, es frecuente que las verbalizaciones de los profesionales de la salud se den en un sentido favorable, yo diría condescendiente, y que los atributos
obtenidos lateral e indirectamente nos revelen una opinión desfavorable, pero muy útil.

En resumen, un AB es una herramienta práctica para obtener información científica- médica con utilidad tanto médica como comercial, la cual debe ser planeada, ejecutada y analizada por expertos, tanto en la técnica del AB como en los temas técnicos. Tener sólo uno de los dos expertise requeridos no es suficiente.

\"GustavoGustavo Hernández

Es director general del Instituto Médico de Capacitación. Es médico internista por la Universidad Lasalle y ha ocupado diversos cargos en asociaciones y empresas de la IF en México.

@ghernandezv

Requerimos del compromiso de los fabricantes para desarrollar programas de EMC que les proporcionen a los involucrados los conocimientos necesarios sobre estos importantes temas para conocer mejor los insumos que utilizamos, para entender mejor su perfil de seguridad y, con ello, minimizar los riesgos derivados del consumo de medicamentos y uso de los dispositivos médicos

Quizá dos de los temas que menos atención tienen durante las etapas formativas de la medicina, ya sea en pregrado, e incluso en posgrado, son la farmacovigilancia (FV) y la tecnovigilancia (TV).

Estas disciplinas hermanas se encargan de recolectar y analizar los eventos adversos relacionados con los medicamentos y los dispositivos médicos de manera respectiva, con el objetivo de hacer las recomendaciones pertinentes en cuanto a su mejor uso para incrementar la seguridad de las personas que utilizan estos insumos.

Se requiere integrar en grandes bases de datos, con frecuencia mundiales, los miles de reportes y analizarlos para determinar primero si, en efecto, son causados por el medicamento o si sólo tienen una relación temporal, si el evento adverso es ya conocido, si la incidencia de ese evento conocido es la esperada, si existe una nueva interacción entre medicamentos, si hay una población más vulnerable o más resistente y, así, un sinnúmero de posibilidades que surgen de dicho análisis.

Para cada una de dichas posibilidades existe también un vasto número de recomendaciones lógicas para cada una; por ejemplo, se puede recomendar no combinar un medicamento con otro en específico y, así, evitarlo en ciertas poblaciones, ya sea por su raza, edad u otras enfermedades concomitantes e, incluso, el desenlace puede ser retirarlo del mercado.

Los responsables de reportar los eventos adversos de los medicamentos somos todos, sobre todo los profesionales de la salud, los proveedores de salud (como los hospitales), los fabricantes, distribuidores y dispensadores. Los usuarios y consumidores pueden reportarlos también, ya sea directa o indirectamente (a través de un profesional de la salud).

Hoy en día el mayor número de reportes se hace mediante los médicos a través de los fabricantes. Son estos últimos quienes tienen la infraestructura y experiencia necesaria para la recolección y el análisis, pero dependen de la buena voluntad, sensibilidad y conocimiento del profesional de la salud.

Es este último concepto el que define el punto de encuentro de la FV, la TV y la Educación Médica Continua (EMC). Requerimos del compromiso de los fabricantes para desarrollar programas de EMC que les proporcionen a los involucrados los conocimientos necesarios sobre estos importantes temas para conocer mejor los insumos que utilizamos, con el fin de entender mejor su perfil de seguridad y, con ello, minimizar los riesgos derivados del consumo de medicamentos y uso de los dispositivos médicos.

Gustavo HernandezGustavo Hernández

@ghernandezv

Es director general del Instituto Médico de Capacitación. Es médico internista por la Universidad Lasalle y ha ocupado diversos cargos en asociaciones y empresas de la IF en México.

 
Todos consideramos que la EMC es la única forma de disminuir la brecha entre lo que sabemos y los avances en el conocimiento de la medicina

Quizá una de las formas más útiles, efectivas y comúnmente utilizadas sea adquirir esos nuevos conocimientos en la práctica diaria institucional. Muchos médicos admiten de forma abierta que laboran en una institución asistencial no por el sueldo (que se considera bajo, pero ese es otro tema), sino por “mantenerse al día” en el ejercicio de la profesión.

Ejercer la medicina institucional obliga al médico a algunas cosas y le da oportunidad de aprovechar de forma voluntaria otras, todas ellas en su conjunto son herramientas extraordinarias de Educación Médica Continua (EMC), por ejemplo: el contacto y la responsabilidad de los casos más raros y complicados; las sesiones hospitalarias, las sesiones bibliográficas, los casos anatomo-clínicos, las reuniones interdepartamentales de discusión de casos, los casos clínicos del servicio, del hospital e interinstitucionales; las interconsultas y de seguro muchos más que no es menester revisar a profundidad. La idea es poner de manifiesto que en cada una de esas oportunidades se aprende algo nuevo de la medicina, ya sea a través del estudio de un caso propio y de escuchar una conferencia magistral, pero no hay manera de abstraerse del aprendizaje que se tiene en la institución.

Si la institución es el mejor lugar para mantenerse al día en los conocimientos cabe preguntarnos ¿se  necesita algo más? ¿el aprendizaje dentro de la institución puede sustituir a todos los demás? ¿tiene espacio para mejorar? La respuesta es tan obvia que sólo nos sirve de preámbulo para la reflexión y para hacer propuestas. Claro, a pesar de lo mucho que se aprende en una institución, se requiere mucho más, como cursos especializados, congresos nacionales e internacionales, estudio personal y otros más; la institución es, por así decirlo, quizá el mejor complemento. Pero, a pesar de ser el mejor, tiene espacio para optimizarse y mejorar de manera continua.

Hoy la tecnología nos permite compartir, en tiempo real, cualquier sesión o reunión hospitalaria. Una red de videoconferencias y repositorios de documentos multiplicaría las posibilidades no sólo de aprender más medicina, sino de atender con mayor oportunidad a los pacientes, o con mayor precisión. ¿Imaginamos una app para el celular que nos permita compartir o consultar de inmediato, al pie de la cama de paciente, una duda médica sobre su diagnóstico, tratamiento o rehabilitación? Hace más de 20 años, cuando yo era residente en un hospital gubernamental todo esto ni siquiera era un sueño, hoy lo es (un sueño) en verdad, pero uno 100% realizable con la tecnología actual.

¿Y si el médico de práctica privada tuviera acceso a todas esas ventajas? ¿si la información fuera pública? Suena bien la insinuación de petición, pero trae, por supuesto, otros problemas quizá iguales o más grandes, todos ellos derivados del mal uso que se diera a esa información. Con los debidos candados y restricciones de la información, el que aquellos médicos que no participan de la vida institucional tengan acceso a algunas de sus ventajas, sería de beneficio para la sociedad en general, empezando por el médico mismo, los pacientes, sus familiares, la economía y un largo etcétera.

He aquí entonces una propuesta concreta: usar la tecnología existente para mejorar o maximizar la EMC institucional y extender sus bondades más allá de la institución. Es ahora un sueño realizable.

Gustavo HernandezGustavo Hernández

@ghernandezv

Es director general del Instituto Médico de Capacitación. Es médico internista por la Universidad Lasalle y ha ocupado diversos cargos en asociaciones y empresas de la IF en México.

En la medida en que más personas dentro de la IF, los hospitales, los funcionarios de gobierno y, en general, los tomadores de decisiones conozcan mejor el tema, la sociedad se verá beneficiada por tener a su alcance los mejores insumos para prevenir enfermedades o restaurar la salud y no sólo aquellos que aparentan ser más baratos

El Market Access se refiere, en específico, a aquellos insumos directamente relacionados con la salud, como los medicamentos y los dispositivos médicos. También esta vez acotado al análisis que hacemos para el principal pagador de estos bienes en México: el gobierno. Así pues, para esta breve reflexión sólo me centraré en esas dos variables del amplio mundo del Market Access: medicamentos/dispositivos y pagador gobierno.

Ya en el tema, ¿qué tiene que ver la EMC con el Market Access? ¿No es un tema de economía? ¿No es un tema de finanzas? En realidad tiene mucho qué ver, pues si bien intervienen números, fórmulas y ecuaciones, el tema es, en esencia, médico. Lo que se analiza y presenta como propuesta a los pagadores es, por una parte, el beneficio médico del insumo propuesto y, por otra cuál es el costo que tiene y en un sentido amplio el impacto global al presupuesto. 

Responder de manera sencilla a la interrogante ¿qué obtengo por lo que pago? No siempre es fácil, por un lado, la eficacia y seguridad del insumo ya ha sido evaluada por la autoridad responsable de ello, en México la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), y por tanto “sólo” resta preguntarnos: ¿cuánto me cuesta ese nuevo insumo? ¿Cómo se compara con lo que utilizo en la actualidad? ¿Cuánto cuesta el beneficio adicional en caso de tenerlo? ¿Cuánto puedo ahorrar al sistema en caso de ser más económico? 

Y así una larga lista de preguntas, todas ellas toman en consideración el beneficio médico y el desembolso, tanto directo como indirecto. La respuesta a estas preguntas nunca es sencilla, pero sí muy acertada a través de los diversos modelos económicos, las simulaciones y las comparaciones entre diferentes opciones que toman en cuenta un gran número de outcomes, o resultados derivados de otro sinnúmero de variables analizadas, unas directas y otras indirectas, unas de eficacia y/o seguridad, y otras económicas.

Hoy el Market Access está de moda en la IF, los departamentos dedicados a esta función cada día tienen mayor tamaño e importancia, por eso se requiere capacitar a un gran número de profesionales de diversas disciplinas para hacer una análisis útil y adecuado. Sin duda, los médicos jugamos un papel preponderante, pero se requieren también expertos en economía de la salud y consultores en diversos sistemas de salud.

Con dificultad un solo profesionista puede abarcar todos los conocimientos necesarios para hacer una adecuada valoración económica de salud, por lo cual debemos capacitar a todos los involucrados en el tema, unos a profundidad para hacer los modelos económicos y los reportes necesarios; y a otros para poder leerlos, entenderlos y tomar las decisiones adecuadas con base en ellos.

Gustavo HernandezGustavo Hernández

Es director general del Instituto Médico de Capacitación. Es médico internista por la Universidad Lasalle y ha ocupado diversos cargos en asociaciones y empresas de la IF en México.

@ghernandezv 

Me parece obvio plantear un camino de encuentro entre la verdadera EMC y el marketing, donde este último es una herramienta de la primera, pero no al revés. La EMC tiene un papel de suma importancia no sólo para el médico y las instituciones

Marketing y Educación Médica Con-tinua (EMC) son dos términos que en apariencia no pueden estar juntos en una misma oración, por lo menos a los médicos así nos lo hicieron saber en las aulas universitarias. Nada más alejado de la realidad y causado por la popular ignorancia de lo que es el marketing,sus herramientas, objetivos y, sobre todo, su filosofía.

Sin pretender abundar en definiciones, sólo mencionaré que el marketing busca hacer que un público objetivo conozca un producto o servicio, así como sus principales cualidades. Sus herramientas para lograrlo son muchas, la publicidad, las relaciones públicas, las redes sociales tanto reales como virtuales (lo que hoy llamamos “redes sociales” debería tener el apellido digitales, pues las primeras han existido desde que bajamos de los árboles y conquistamos las llanuras hace miles de años) y otras más que no es objeto de este artículo describir.

La mejor decisión
Con esta clarificación ya en mente, me parece obvio plantear un camino de encuentro entre la verdadera EMC (neutral, balanceada e incluyente) y el marketing,donde este último es una herramienta de la primera, pero no al revés. La EMC tiene un papel de suma importancia no sólo para el médico y las instituciones, en verdad es importante para toda la sociedad por lo tanto, requiere que todos los interesados conozcan las alternativas que tienen para obtenerla, sus cualidades, ventajas y desventajas, costos y muchas otras características que le permitan tomar la mejor decisión sobre ella.

Todo lo anterior es indistinguible de cualquier otro producto o servicio, el marketing de automóviles busca hacer llegar esa información a los prospectos de consumidores. Las iglesias, de una u otra forma, hacen lo mismo al igual que los supermercados, los fabricantes de ropa, etcétera. ¿Por qué la EMC habría de ser diferente? ¿Por qué hemos caído en la trampa de pensar que todo lo que toca el marketing es malo, es engaño o por su baja calidad requiere de esas herramientas de manipulación?

Gustavo HernandezGustavo Hernández

Es director general del Instituto Médico de Capacitación. Es médico internista por la Universidad Lasalle y ha ocupado diversos cargos en asociaciones y empresas de la IF en México

@ghernadezv

El ser humano, y la civilización tal como la conocemos, dependen de la innovación. De crear cosas nuevas a partir de las ya existentes. Conocimientos, máquinas, alimentos, arte y un infinito número de cosas son el resultado de esa característica innata de los humanos de crear con frecuencia novedades que hacen su vida más cómoda, larga o placentera

La medicina, como cualquier otro campo de la ciencia, ha avanzado más en los últimos 50 años que en el resto de toda la historia. Tan sólo en un día se publican más artículos de medicina que los que una persona podría leer en un año entero, lo cual es muy afortunado, pero plantea en sí mismo nuevos retos: ¿cómo llevar todo ese nuevo conocimiento a quien lo requiere? ¿cómo hacerlo con tal eficiencia que el conocimiento se transmita con rapidez y sin pérdidas? Ese no es un asunto menor, la calidad y la duración de la vida de las personas puede depender del conocimiento oportuno de su médico tratante.

Los productos comerciales tienen a su alcance un método extraordinario (aunque cada día con menor credibilidad, pero ese es otro tema) para dar a conocer con rapidez sus productos o servicios a quienes los puedan necesitar: la publicidad, graciasa ella sabemos que existe tal o cual aparato que nos gustaría tener, tal o cual servicio que nos interesa, pero ¿y el conocimiento? ¿cómo se difunde?

La respuesta es: a través de la Educación Médica Continua (EMC). Los métodos de la EMC son variados, desde la ancestral transmisión de boca en boca, las aulas universitarias, las sesiones hospitalarias, casos clínicos, cursos, talleres, simposios, mesas redondas y algunos más que no es menester revisar, sino sólo destacar la variedad.

La EMC tiene un papel de primordial importancia no sólo para el médico, sino para el paciente y la sociedad en general. De la calidad y la oportunidad de su oferta de EMC, depende, sin duda alguna, la salud de un país.

Por lo regular, pensamos que las instituciones asistenciales son las más importantes para la salud de un país, quizá si tomamos en cuenta el papel de la enseñanza, al menos deberían estar al mismo nivel el tratamiento y la prevención de enfermedades, como la enseñanza de la medicina y otras disciplinas afines o complementarias, tanto la instrucción formal universitaria en pre y posgrado, como la gran cantidad de cursos y otras opciones ya mencionadas.

Es común saber qué porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) se invierte en salud, aunque mucho me temo que la cifra, de por sí pequeña, es sobre todo, de la parte asistencial y que poco o nada tiene que ver con la EMC. Debemos invertir mucho más en EMC, porque si no lo hacemos, corremos el grave riesgo no sólo de la obsolescencia, sino de una sociedad poco saludable y, con ello, poco productiva y, por lo tanto, pobre.

La innovación y la educación no sólo son dos conceptos relacionados, en realidad son sinérgicos y dependientes uno del otro, aunque para el primero se invierten cifras muchas veces mayores que para lo segundo. Debemos impulsar un cambio que lleve a todos los involucrados a invertir más en EMC, en recursos materiales, tiempo y otras prioridades. Sólo así podremos transmitir de forma rápida y eficaz los nuevos conocimientos adquiridos en el proceso de innovar y convertirlos en útiles para la sociedad.

Gustavo HernandezGustavo Hernández

Es director general del Instituto Médico de Capacitación. Es médico internista por la Universidad Lasalle y ha ocupado diversos cargos en asociaciones y empresas de la IF en México.

@ghernandezv

 
Uno de los muchos objetivos de las distintas agrupaciones médicas es la EMC. Entre esos objetivos está promoverla, fortalecerla, regularla, ofrecerla, certificarla, avalarla, supervisarla y, quizá, algunos más que serían tema de una revisión dedicada, no de este artículo

Si bien el ser humano es gregario por naturaleza, quizá los profesionistas somos gremiales por las mismas razones. Como especie evolucionamos de forma exitosa gracias al trabajo en equipo, al lograr objetivos inalcanzables para un individuo, al defendernos de las amenazas externas y un sinfín de ventajas de vivir en grupos y, más adelante, incluso nos especializamos en trabajos específicos y dividimos las tareas. Los médicos en particular, nos reunimos en distintos gremios con los mismos argumentos: alcanzar mayores objetivos, defendernos, y en general, para el avance de la profesión y de los individuos que la ejercemos.

A pesar de lo anterior, es decir, de nuestro impulso natural por agremiarnos, la historia de las agrupaciones médicas es relativamente nueva, al menos lo es en relación a la práctica médica, mientras que la medicina es tan antigua como el hombre, al menos en el concepto que una persona se dedique, ya sea por su experiencia o entrenamiento, a curar a los demás; los gremios médicos son más bien recientes.

En México el primer antecedente es de 1836, con el Establecimiento de Ciencias Médicas, que dio paso en 1864 a la Sección Médica de la Comisión Científica, Literaria y Artística de México y, luego, en diciembre de 1865 a lo que hoy conocemos como Academia Nacional de Medicina de México, que este año festeja su 150 aniversario.

A partir de ahí, se han formado un gran número de agrupaciones médicas, hoy de seguro suman varias decenas de ellas con diversos nombres, como: asociaciones, colegios, academias, consejos, etcétera. Cada uno de ellos con objetivos y misiones diferentes, pero con el objetivo en común de agrupar a quienes se consideran pares para buscar el beneficio, tanto individual como colectivo.

Uno de los muchos objetivos de las distintas agrupaciones médicas es la educación médica continua (EMC). Entre esos objetivos está promoverla, fortalecerla, regularla, ofrecerla, certificarla, avalarla, supervisarla y, quizá, algunos más que serían tema de una revisión dedicada, no de este artículo.

Lo más importante es destacar que la EMC no sería la misma (si es que existiera) sin los diversos papeles que tienen en ella los distintos gremios médicos. Junto con el gobierno y las universidades, las asociaciones médicas son los pilares fundamentales de la EMC, cada uno desde su trinchera, a veces al compartir y otras al complementar los objetivos y las tareas, pero siempre en favor de la EMC.

Los médicos apreciamos más y damos mayor credibilidad a aquellos eventos que son avalados por una agrupación médica; es decir, el prestigio y credibilidad de una asociación médica se trasladan a un curso que tiene su aval, y a su vez, ese evento contribuye al prestigio de la asociación, es por ello que aquellas instituciones que ofrecen EMC deben seleccionar de forma adecuada a quienes avalan sus eventos y, de la misma manera, los gremios deben cuidar a quién le otorgan su aval.

 

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