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La edad artificial ¿Cuál es el límite? Autor: Enrique Chao |
1 marzo 2010 Sección: Contraseñas, Opinión IF |
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Envejecer es cosa de género Según confió a los medios de comunicación, hay genes que, en efecto, “tienen que ver con la propensión a la extensión de la vida, pero yo no creo que todo esté tan determinado por el material genético”. Hitzig explica que la inmunidad está muy ligada a la longevidad, pero hay situaciones cotidianas que predisponen, a favor o en contra, de la eficacia del sistema inmune, “que es nuestro reparador y defensor biológico cotidiano”. A su argumento suma el muy socorrido tema del estrés y los sistemas hormonales, e incluso –añade el especialista-, “nuestros pensamientos y emociones están muy relacionados a la eficacia del sistema inmune y, por lo tanto, a la longevidad”. Como se sabe, la esperanza de vida, desde 1840, no ha dejado de crecer…, y no hay indicios de que pueda interrumpirseRatonas más longevas Los investigadores de la Universidad de Agricultura de Tokio creen que los resultados podrían aplicarse a todos los mamíferos, incluidos los humanos. Algunos científicos creen que se trata de un gen, el RasgrF1, que los padres heredan a ambos géneros, pero que sólo se activa en los machos. Para crear a las ratonas con materiales genéticos de dos madres -llamadas bimaternas-, los japoneses manipularon el ADN de los óvulos de una hembra para que los genes se comportaran como los del esperma, y el material genético alterado fue implantado en el óvulo de otra ratona adulta para que creara embriones. En opinión de los científicos, las crías resultantes, que nacieron libres de material genético masculino, “vivieron en promedio entre 600 y 700 días, o sea 35% (186 días) más que los ratones producidos con material genético normal, de padre y madre”. Desde hace tiempo –asevera el profesor Tomohiro Kono, quien lidera el estudio–, hemos sabido que las mujeres tienden a vivir más que los hombres y que, las diferencias en la longevidad, relacionadas al género-, también ocurren con muchas otras especies de mamíferos. Sin embargo, apunta, la razón de estas diferencias no era clara sino hasta ahora, porque no se sabía si la longevidad en mamíferos estaba controlada por la composición del genoma de sólo uno o de ambos padres. La clave, como ya se anotó, está en el gen RasgrF1, el cual queda velado en las hembras debido a la impronta genética, un proceso que se ocupa de encender, o no, los genes, según si se heredan del padre o de la madre. En compensación, los estudiosos creen que este gen hace crecer a los machos más grandes y fuertes, pero con una perspectiva de vida más corta. Vidas ejemplares Claro, los candidatos que la siguen oscilan entre los 112 a 122 años, pero el proceso para distinguir los individuos ultra-centenarios de los mitos de longevidades extraordinarias es complicado. Los registros de nacimiento de finales del siglo XIX aún levantan ámpula. Lo que sí es que, en dos siglos y medio, la esperanza de vida al nacer en los países desarrollados ha pasado de menos de 30 a 80 años. En gran parte, esta evolución se debe a los progresos tanto médicos como sanitarios. Pero la duda sigue: ¿hay un límite natural de la vida, impuesto por los genes? ¿O, de plano, como en la cinta Zardoz, con el avance de la medicina, podría borrarse, de una vez por todas, el límite biológico para extender la vida humana? Lo que sí podemos suponer, por ahora, es que la longevidad de cada especie viva está contenida en su patrimonio genético: una mosca vive tres días; un ratón, tres años; una ballena azul, 80 años; una secuoya, 4,000 años; una tortuga marina, 200 años; una persona, al menos hasta 122 años, si nos atenemos a lo que se sabe de la edad de Jeanne Calment. La experiencia de Calment es ilustrativa, pero no concluyente, porque la diversidad de patrimonios genéticos individuales impide pensar que todo el mundo está en condiciones de vivir ese tiempo: en teoría, algunos podrían incluso superar esa edad extrema. La duda que surge de la experiencia de Calment es si su longevidad es el producto de una conjunción de factores poco corrientes que se han dado a lo largo de su vida, o al hecho de que la longevidad humana pueda ser modificada. *Algunas investigaciones sostienen que las edades extraordinarias de los patriarcas bíblicos son resultado de errores en la traducción: los ciclos lunares se confundieron con los solares, y las edades reales son 13.5 veces menores. Entonces, en resumidas cuentas, Matusalén llegó a tener una edad de: 969/13.5, lo cual implica una edad de 72 años que es una cifra impresionante si se considera la esperanza de vida en esos tiempos.
Enrique Chao es consultor de publicaciones industriales y de negocios, experto en temas de comunicación organizacional y editor de diversos proyectos editoriales. Su correo electrónico es: echao@dialogoejecutivo.com.mx Popularity: 1% [?] Páginas: 1 2 |
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