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La Generación Nini
Ni pichan ni cachan ni...
Autor: Enrique Chao

1 junio 2010
Sección: Contraseñas, Opinión IF, Opinión IF Portada

Todos los conocemos de lejos o cerca. Son jóvenes con el futuro cancelado. Ni estudian ni trabajan, de ahí el apelativo, y no sólo eso, sino que se han convertido en una dura carga tanto para sus familias como a nivel social

En las olas generacionales que conviven en la actualidad hay unos jóvenes, los ninis, que, por su cantidad, dan a sus padres, vecinos y sociedad mucho de qué hablar, y un persistente dolor de cabeza. ¿Es una generación perdida, su proliferación significa una amenaza?

El nini ni estudia ni trabaja, es un joven que tiene la perspectiva de las cosas a muy corto plazo. Su mundo es plano e inmediato, como sus necesidades. ¿De dónde vienen? ¿A dónde van?

Este fenómeno se observa no sólo en México, sino en numerosos países. En Europa, la cifra de jóvenes desempleados llega a 34%; en España las estadísticas indican que hay casi 600 mil jóvenes que declaran, sin titubeos, no querer hacer nada; y en África, 40% de los adolescentes se ocupa de lo mismo, de nada.

En el Caribe 20% de su juventud podría ostentar la etiqueta de nini, mientras que en América Central cerca de 21% de la población, de entre 16 a 24 años, se inscribe sin dificultad en ese rubro; en Argentina alrededor de 20% de los jóvenes, entre 14 y 24 años, podría afiliarse a los ninis sin ruborizarse. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoce que 18% de los jóvenes uruguayos no estudia ni trabaja; y lo mismo pasa en Brasil, 19%; y Paraguay, 21%; donde por no hacer nada, hacen de todo.

Sin oportunidades
En México, un reporte del Instituto Mexicano de la Juventud subrayó: “Hay siete millones de jóvenes que no estudian –desertaron de la escuela, no fueron seleccionados en los sorteos de colocación o no tienen interés en asistir a un colegio– ni trabajan –, ninguna empresa les ha dado una primera oportunidad, o fueron despedidos y no han podido colocarse de nuevo en el mercado laboral”*.

Al respecto, muchos adultos que iniciaron estudios en el nivel básico (alrededor de 17 millones, según el Instituto Nacional de Educación para Adultos) tuvieron que abandonarlos debido a causas económicas. Para pintar con colores pardos el escenario, la caída del empleo se agudizó a finales de 2009 (se perdieron 330 mil plazas, a decir de fuentes oficiales).

Un futuro chato

La historia de los ninis es breve y, por lo que se aprecia, se trata de una generación que no tiene la menor intención de dejar una huella muy honda. Durante el boom de la construcción –que tuvo lugar en muchas partes del orbe en el último lustro del siglo XX y el primero del XXI-, los jóvenes dejaron los estudios para trabajar en empleos que no precisaban de mano de obra calificada.

Aurora Loyo, investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explicó en una entrevista con la BBC** que lo que ofrece el Estado a los jóvenes ya no les hace sentido: “Es educación de baja calidad que no garantiza movilidad social ni un buen empleo”.

A fines de 2008, cuando la economía cayó en picada, los ninis se vieron obligados a remover sus escuálidos horizontes; de antemano, sabían que su destino era vivir con precariedad, por lo cual no sólo dejaron de lado los estudios, sino que unos cuantos fueron arrastrados por el espejismo del dinero fácil, aunque la mayoría, por el momento, sólo está atrapada en una situación crítica que los ha puesto en la calle, pero muy cerca de la frontera con la ilegalidad y el crimen.

Ganancias dilapidadas
Quienes dejaron la adolescencia demasiado pronto y optaron por los fajos de billetes que el crimen organizado les ponía sobre la mesa, tienen más prisa por apostarlo todo; quizá porque el consumismo los urge más por autos caros, ropa de marca, aparatitos electrónicos, antros y mucho sexo (nada para el ahorro). Ellos, de plano, no creen en el futuro. Mientras que quienes creían, al menos un poco, ahora cancelan sus sueños de independencia. Es como si hubieran dilapidado sus ganancias en la lotería.

Quienes regresaron al lado de sus familiares -con la cola entre las patas-, ya no se van a buscar fortuna a Estados Unidos, ni sienten apremio para buscar chamba ni para regresar a los estudios. Sólo parasitan a los suyos y, en casa, duermen a deshoras y merodean por barrios sórdidos… Quienes no pueden reintegrarse a sus hogares (y vivir de las pensiones de los papás), se dejan cautivar por el dinero y se internan por los vericuetos del crimen organizado que está incrustado, se admita o no, en todos los niveles de la sociedad.

Escuela de sicarios
Alfredo Nateras, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana, señaló a los medios de comunicación que “los ninis representan una mano de obra accesible para bandas de narcotráfico. El crimen organizado es una alternativa real para ellos. Suena duro, pero muchos se preguntan ¿para qué estudio si el narco me da todo? Los adolescentes mexicanos creen que su condición no será mejor en el futuro”.

Y, según comentarios de Javier Hidalgo, director del Instituto de la Juventud de la ciudad de México: “Los narcotraficantes son un ejemplo para muchos ninis, debido a que adquieren prestigio social, además de ingresos que no tendrían de otra manera”.

El rector de la UNAM, José Narro, fue enfático: “Si seguimos confundiendo lo que es el éxito para una persona, si queremos pensar que alguien exitoso es aquél que en menos tiempo hace más dinero, estamos equivocándonos, y eso tiene que ver con el crimen organizado y con la búsqueda de salidas falsas que no llevan a ninguna parte”.

Corta expectativa
De hecho, el crimen organizado en México es más extenso de lo que permite suponer el bombardeo de los medios de comunicación. Basado en datos de Edgardo Buscaglia, asesor de la ONU, el diario La Jornada reportó, a mediados de 2009, que en México, entre 50 y 60% de los gobiernos municipales, habían sido penetrados por el narcotráfico; las mafias mexicanas operaban en 38 naciones, y el país se ubicaba en el sexto lugar con más delincuencia organizada en el mundo. Se sabe que en algunos estados, los carteles de narcotráfico reclutan sicarios y vendedores de droga entre los jóvenes sin empleo o estudio. Y la organización Causa Ciudadana aseveró que en seis meses un nini puede convertirse en delincuente peligroso.

Según el Centro Binacional de Derechos Humanos de Tijuana, la expectativa de vida de un adolescente o joven dentro de un cartel mexicano es de tres años. Las autoridades desconocen el número de jóvenes que han sido empleados por el narcotráfico, pero hace poco la Secretaría de la Defensa Nacional dijo que en los últimos tres años, alrededor de 1,200 murieron en enfrentamientos de carteles rivales.

El recuento es para documentar las pesadillas.

Referencias:
www.ninis.org
*Ninis, por José Blanco.
**Entrevista de BBC Mundo.

Enrique Chao es consultor de publicaciones industriales y de negocios, experto en temas de comunicación organizacional y editor de diversos proyectos editoriales. Su correo electrónico es: echao@dialogoejecutivo.com.mx

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