Vivir en condominio

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Elizabeth UgaldeElizabeth Ugalde

Tiene una licenciatura y maestría en Psicología por la UNAM y ha trabajado durante tres lustros en los Centros de Integración Juvenil.

colaboradores.dialogoejecutivo@gmail.com

 
Vivir es difícil, sin duda, pero vivir en condominio es más todavía. Sé que habrá alguien que tendrá una buena experiencia, pero por lo regular no es lo mejor que quizás nos pueda pasar en la vida

Todo empieza desde el modo de vivir. Hay algunos que no necesitan nada para subsistir y así viven. En un condominio anterior tenía un vecino cuyas arañas se paseaban todo el día por sus ventanas. Él, patrono de estos bichos, no podía quedarse atrás y rara vez se le veía bañado. Por lo regular era él y sus jeans de 1,000 puestas o sus pijamas imborrables para cualquier ser vivo.

Otro ejemplo es la señora que criaba palomas al lado de mi casa. Al cuarto de mi hijo llegaban tanto los olores de estas aves como sus mismas plumas, por lo cual él desarrolló alergias que le duran hasta ahora.

Nunca falta la señora de los perros, la que tiene varios que ladran a toda hora mientras ella está fuera la jornada completa. A la manifestación de cualquier ruido ladran como si el famoso ladrón de la casa de Uruchurtu hubiera vuelto a las andadas. Además, estos animalitos a veces dejan recuerdos líquidos, o peor, físicos, por escaleras y/o pasillos.

En donde vivo ahora, que es un condominio nuevo, de no más de tres años, en la última asamblea los vecinos votaron para eliminar el servicio de vigilancia las 24 horas y quedarse en 12, con el fin de ahorrarse unos pesos, a pesar de que uno de los departamentos ya fue visitado por los amigos de lo ajeno. El ahora único vigilante pasó de guardia de seguridad a conserje, barrendero y albañil, porque ahora lo ocupan hasta para resanar y pintar. ¿La seguridad y la entrada? Bien, gracias, nadie se ocupa de ella.

El presidente del Comité de Vigilancia se tomó muy a pecho el cargo y ahora cree que el edificio es suyo. Manda al único elemento como si fuera su empleado y a todas horas está de mal  humor, hace lo que quiere y le consiente todo a una señora, administradora en teoría, inútil en la práctica, que él impuso en otra asamblea…

A pesar de que varios vecinos que no asistimos a dicha junta protestamos por esa decisión, nada pasó. Juntamos firmas y demás, pero nada ocurrió. En teoría no se podía prescindir de dicho servicio, porque así quedó asentado en una anterior asamblea, pero esta gente hizo lo que quiso. Ahora vivimos en la dimensión desconocida. A veces están todas las luces prendidas, en otras todo a oscuras; en ocasiones están carteros y/o mensajeros tocando 100 veces sin que nadie les abra, en fin, para qué sigo.

En la vida, no me cabe duda, hay que ahorrar, pero una cosa es esto y otra es ser tacaño en detrimento de la calidad de vida de las personas.

Dicen que para que el mal avance sólo hace falta que las personas buenas no hagan nada al respecto. Esto pasó justo durante la 2ª. Guerra Mundial y ahí están los seis millones de judíos masacrados. Guardadas las dimensiones, en un pequeño mundo, como es un condominio, basta con que algunos nos quedamos callados o no hagamos nada, por apatía o por miedo, para que los malos hagan de las suyas…

La verdad es que nos falta mucha civilidad, educación y cortesía para vivir en condominio en armonía. Mientras haya alguien que siempre interponga sus propios intereses a los del resto, habrá problemas, ésa es una máxima. Mientras existan vecinos que pretendan que los demás les paguen sus gastos, habrá dificultades. Mientras exista mezquindad en vez de bondad, podremos estar, pero nunca vivir bien.